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miércoles, 25 de mayo de 2011

Valdano II y su reinado

Me gustaría ser Rey solo por saber con qué sobrenombre pasaría a la historia. Hay de todos los gustos y colores: con admiración (Alfonso X, el Sabio), con miedo (Pedro I, el Cruel), gloriosos (Catalina la Grande) con anhelo (Fernando VII, el Deseado), religiosos (Isabel, la Católica)… Hoy se va uno de las grandes figuras del Real Madrid, en su segunda etapa, y no sé la prensa pero yo ya he decido como pasará a la posteridad.

Valdano, cuando la prensa le quería
Por favor, que nadie quiera ver palabras oportunistas aquí. Sobra decir que Valdano es para el madridismo todo un símbolo y un ejemplo, no sólo de valores, sino de profesionalidad en todos los cargos que ha desempeñado. Cierto es que muchos hubiéramos preferido que nunca nos hubiera quitado las dos Ligas de Tenerife, pero no menos cierto es que esas heridas son muestras de su integridad profesional.

Como jugador  blanco la valía de Jorge queda fuera de toda duda. Para el club fue un lujo contar con él, pues no son tantos los campeones del mundo que han jugado en el Madrid. Como entrenador dio al Madrid la alegría de la Liga que curó la herida que él mismo abrió en Canarias. Además acabó con el Barcelona de Cruyff, al que devolvió la manita recibida un año antes en el Camp Nou. En su cargo de dirigente es donde quizás nunca encajó del todo y a pesar de ello, siempre supo representar al club y defender los intereses de la entidad. Si a ello sumamos que hasta ahora había mantenido su dignidad intacta, lo que en cargos de esa importancia no es fácil, creo que la valoración en su conjunto es muy positiva. Digo hasta ahora, y digo bien, porque Valdano igual que Florentino ha tenido dos etapas diferentes en el Madrid.

En la primera de ellas tuvo momentos gloriosos como La Novena y  también de sequía de títulos, como sus 3 últimos años, pero siempre supo dónde estaba su sitio y sobre todo qué necesitaba el club en cada momento. Tanto es así que cuando Florentino empezó a tener el “mal de la silla” que afecta a los poderosos y empezó a tomar decisiones fuera de lugar desoyendo sus consejos, tomó la sabia y muy recomendable decisión de hacer las maletas. Nadie quiere estar donde no le quieren, ¿verdad? De esa época su momento más admirable fue cuando, en una semifinal de Copa y ante el atraco arbitral que estaba sufriendo el Madrid, cosido a patadas y agresiones en Sevilla, bajó al descanso a pedir explicaciones al trío arbitral. Porque ante el abuso de Villar y sus secuaces federativos de Barcelona, ante todo, lo que había que hacer era defender al club y al madridismo. ¿Se dan cuenta? Ya entonces el villarato campaba a sus anchas. Hay cosas que no cambian nunca. De aquellos buenos años, uno de los responsables, fue Valdano I, el Justo.

Valdano junto al entrenador a quien no quiso defender

En su regreso, tanto él como Florentino llegaron en loor de multitudes, y bien podría haber pasado como Valdano II, el Deseado. El club lo necesitaba más que nunca después del periodo negro de Ramón Calderón I, el Pucherazos, pero Jorge ya no era el mismo. Los palos de los plumillas le habían cambiado. En su segunda aventura, quizás dolido por el anterior trato de la casta periodística , empezó a “compadrear” con los opinadores. Comenzó a realizar favores a los medios y a rondar amistades peligrosas. Tarde aprendió Valdano que si quieres tener amigos en la prensa, lo
 mejor es que le regales un perro al director de algún diario. Tenía que elegir entre defender al Madrid, y a Mourinho por poco que le gustase, o defenderse a sí mismo. Eligió, y eligió mal.

Acabó abducido, desorientado y siendo un hombre de paja al albur de la opinión de los micrófonos que siempre quieren controlar al Madrid y manejar al club desde fuera. Primero con las chorradas de que el Madrid no tiene valores, cuando si no los ven es porque su corazón está tan podrido que no darían ni un vaso de agua a un moribundo. Después, con la teoría del odio y de que el club es menos querido ahora. Claro, nunca apedrearon el autobús del Madrid ni se dedicaron horas de radio a que los contertulios insultaran al equipo y sus seguidores. ¡Incluso renegó del villarato! Él, que bajó en un descanso a buscar a un trencilla. Hasta Pedro tardó más en negar a Jesús antes de que cantara el gallo.

Al final sale mal y por la puerta de atrás, con el único consuelo de que su gran corazón y valía personal siempre le dejarán las puertas principales del Madrid abiertas. Ojalá se hubiera ido antes de que todo el mundo hubiera notado lo evindente; que sobraba porque no buscaba defender al club sino a él mismo ante las críticas de la prensa. Adios, Valdano II, el Innecesario. Ojalá Valdano III sea mejor para sus súbditos. ¡EL REY HA MUERTO, VIVA EL REY!

lunes, 16 de mayo de 2011

El primero de los perdedores


Si el fútbol tuviera memoria sería un personaje idolatrado a ambos lados del Atlántico. Si las crónicas deportivas las escribiesen las cansadas manos de los vencidos, seguro que la historia del balompié le reservaría un breve capítulo escrito en letras de oro. La realidad es que tanto la vida como el fútbol pueden ser muy injustos y el “cabezón”, como solían llamarle los hinchas en Argentina, tendrá que conformarse con unas modestas líneas de homenaje a su carrera como entrenador.

 La leyenda del de Santa Fe comenzó a forjarse en el 93 cuando debutó como técnico de Huracán. Su equipo llegaba como líder y con todo a favor a la última jornada del torneo Clausura. Le bastaba con un sencillo empate para ser campeón, sin embargo una inesperada derrota les privó de alzar el trofeo. Esa fue la primera vez que perdió una liga en el “descuento”, pero no sería la última. La maldición del segundo puesto le perseguiría ya para siempre. Años más tarde en Italia, con el Inter de Milán, de nuevo una derrota en la última jornada cuando eran líderes les sentenció al subcampeonato. Ni siquiera Ronaldo, que entonces jugaba a sus órdenes, bastó para conseguir el título liguero.

A estas postreras derrotas en liga hay que añadir las decepciones en la competición del consuelo por excelencia, pues tampoco en la copa encontraría alivio nuestro hombre. Tanto en España con el Mallorca, como en Grecia con el Aris de Salónica, tuvo que saborear muy a su pesar el amargo trago del fracaso en la final del torneo del K.O. Especialmente cruel fue la derrota sufrida ante el Barcelona con el conjunto isleño, ya que se produjo tras una larguísima y estremecedora tanda de penaltis en la que hasta los porteros de cada equipo tuvieron que chutar.

Cañizares resignado pasa  junto a la Copa de Europa
Hasta aquí podría pensarse que se trata de la carrera de alguien a quien el destino parece jugarle una mala pasada, pero el listado de tropiezos alcanza cotas que desafían a la lógica y a cualquier estadística cuando se habla de torneos internacionales. Nuestro protagonista tiene el triste honor de haber sido el único entrenador capaz de perder tres finales europeas consecutivas, dos de ellas de Champion’s League. En el 2000 cayó ante el Real Madrid de Raúl y un año más tarde ante el Bayern Munich de Oliver Kahn en otra cardiaca tanda de penaltis. Sin embargo el que fuera central de Ferro Carril Oeste ya sabía lo que era perder un título continental. En el 99, dirigiendo al Mallorca, no había  podido levantar la que fue la última Recopa de Europa de la historia del fútbol.

Cuando parecía que los dioses del fútbol no podían cebarse más con él, aún tuvo que soportar una última broma macabra: La Asociación Internacional de Estadística e Historia le nombró segundo mejor técnico del año 2000. Nadie debió avisar a los ilustres señores que otorgan tal honor de que en el fútbol ser  nombrado mejor segundo es tanto como recordarte que eres el primero de los perdedores.

La tristeza del tiffosi
Ante semejante currículum puede que haya quien disfrute con la retahíla de desgracias. Incluso habrá quien piense que hay que ser muy malo como entrenador para acumular tal cantidad de varapalos. Quizás tengan razón, pero lo cierto es que detrás de cada fracaso en el último momento hay miles de horas de trabajo duro y esfuerzo que no acaparan titulares. Tras cada traspié en una final hay  cientos de partidos ganados con dedicación y entrega que los resúmenes televisivos no muestran. Todo ello sin contar los buenos ratos, esperanzas, sueños y alegrías que regaló a los aficionados a los que concedió la oportunidad de soñar con que su equipo ganara aquel último encuentro.
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Pocos son los entrenadores que pueden presumir de haber logrado algún título que añadir a su palmarés, sin embargo menos aún son aquellos que pueden permitirse reflejar sus derrotas en sus currículum con total orgullo. Este es el caso, de Héctor Cúper. Héctor... ¿Quién?. Exacto. Por eso mismo se merece estas líneas. Porque quien un día hizo soñar con la gloria a tantos equipos y aficionados no merece ser olvidado por el hecho anecdótico de no levantar jamás el trofeo.



Héctor Cúper mientras era técnico del Real Betis


FALSOS MITOS

En Europa suele creerse que Cúper jamás consiguió ningún trofeo importante, lo cual no es del todo cierto ya que antes de dar el salto al viejo continente el de Santa Fe había ganado en el 96  la Conmebol con el Lanús de Argentina. Además, y aunque son considerados trofeos de verano por los aficionados, también cuenta con dos Supercopas de España en su palmarés: una con el Mallorca en el 98 y otra con el Valencia en el 99. Ambos, títulos oficiales reconocidos así por la Real Federación Española de Fútbol.

jueves, 21 de abril de 2011

El Alamein o la victoria de Copa


“Hasta el Alamein lo habíamos perdido todo. Tras el Alamein no volvimos a retroceder jamás”. Así describió Churchill el devenir de los aliados en la II Guerra Mundial y no se me ocurre una mejor manera de explicar la andadura del Madrid esta temporada.  Lo de anoche  no fue un partido más. No era una Copa menor ni un enemigo cualquiera. Tampoco era una fecha al azar. Mou, los jugadores merengues y el madridismo lo sabían. Guardiola sin embargo pareció no sospecharlo.

Plantilla del Real Madrid celebrando el título de Copa 2011
Ayer por primera vez el entrenador catalán perdió una final y aunque quizás aún no se ha dado cuenta, algo cambió ya para siempre; Se acabó el mito de la invencibilidad blaugrana. El General  Mourinho al mando del ejército blanco demostró en el frente de la Copa que la guerra por el dominio el fútbol mundial se gana sobre el césped metiendo un gol más que el contrario. Da igual cómo. Da igual en qué minuto. Da igual tu credo o religión. En el fútbol hay unas reglas, pero más allá de eso, todo está permitido y es válido. El que no lo entienda así o crea que el toque es el único camino tiene un problema serio. Esto es fútbol señores. No sé si será cuestión de vida o muerte pero lo que está claro es que esto es algo mucho más importante. Demasiado como para atarse a los prejuicios del tiqui taca y el fútbol marketing que preconiza Pep.

Desde anoche el barcelonismo sabe que debe dar verdadero sentido a todas sus consignas de falsa humildad. Esas de las que tanto gustan hacer gala en las ruedas de prensa y que tan rápido olvidan Piqué, en el túnel de vestuarios del Bernabéu y Valdés en el plató de Buenafuente. Ante la batalla final, con el escenario europeo de fondo, ya no habrá manitas en las portadas ni porras exageradas por parte de Rosell. Porque aunque Cruyff, ese otrora jugador y técnico que lleva 17 años sin entrenar y ahora es vocero del fútbol marketing y el guardiolismo, vuelva a vomitar sus soflamas propagandísticas en las radios, ya nadie le volverá a prestar atención. Porque aunque la prensa siga queriendo insultar y menospreciar al Real Madrid ahora ya no tienen ni la munición de la falta de títulos ni la excusa del mal juego, que se antoja del todo falsa.

Cristiano Ronaldo con la Copa de Su Majestad
Hoy los dioses del fútbol que hasta ahora eran los jugadores del Barça parecen humanos. Lo demuestra la sangrante herida que es la dentellada a la yugular de esta derrota ante el eterno rival. Hoy han comprendido los azulgranas que aunque los periodistas les aplaudan en rueda de prensa ellos también pueden sufrir. Hoy los culés tienen el miedo en el cuerpo, un mar de dudas en su mente y un descosido en el corazón. No están derrotados ni mucho menos, pero sí tocados porque han contemplado su propio revés de cerca. Han mirado al fracaso a los ojos y han entendido que incluso a ellos les puede alcanzar.

Queda aún el desafío de la Copa de Europa y sea cual sea el resultado el Real Madrid ya ha vencido porque ha logrado despojar de su halo de imbatibilidad al equipo de Pep Guardiola. Ahora los blancos cuentan los minutos para el siguiente choque porque la esperanza ha prendido en sus corazones y en lontananza se atisba la luz de la victoria final porque este triunfo en "la Copa de su Rey” puede representar su particular batalla del Alamein.

El Madrid ha demostrado en esta batalla que el curso de la guerra puede cambiar y acabar en una inesperada victoria de quienes parecían desahuciados. La próxima parada de esta lucha pasa por el Bernabéu  y veremos si no se convierte en el Stalingrado de los culés y en la tumba del fútbol marketing y el guardiolismo. ¿Sabían que Pep ya tiene pensado dejar el Barça?. Así lo confesó en Italia en una entrevista y ahora sus palabras suenan amargas y con ecos de desánimo hasta entre sus propias filas.

lunes, 4 de abril de 2011

Mourinho y los gestos de amor


Hay que ver las tonterías que hace uno por amor. En mi caso como tengo dos, pues me paso el día haciendo el gilipollas. Tranquilidad, me refiero a mi novia y mi equipo de fútbol, que con la cara que gasto, ya es mucho. El caso es que si viviéramos en Madrid pues igual el fin de semana nos íbamos a Segovia a comer cochinillo y ver el Acueducto, pero como somos angelinos y mi novia una conspiranoica de los ovnis, pues nos vamos a Nevada a ver la base aérea de Nellis, a la sazón Área 51 para los que creen en estas cosas. Pero vayamos por partes.

Sábado 9 de la mañana y ya estoy en el salón de casa tras meterme entre pecho y espalda un burrito de desayuno y medio litro de café. Tremendo gesto de amor hacia mi equipo, el Real Madrid, porque levantarme antes de las 10 un sábado es algo que no hacía desde mis tiempos universitarios, sin embargo pronto descubro que mi gesto no va a ser recompensado. Me explico.

Que a Mourinho le gusta la tortura infernal del doble pivote ese ya lo sabíamos, sólo así se explica que un tipo con tan poco fútbol como Motta triunfase con él. Que llevaba ya varias semanas amenazando con lo de salir a defender y hacer lo justito en Liga porque el señor Roures le ningunea con los horarios y Villar con sus esbirros los árbitros, también. Que además tenía 5 bajas en el equipo titular, entre ellas, los jugadores con más gol, era de todos conocido, pero lo que no sabíamos era que tenía ese puntito sádico y de maltratador con el corazoncito de los aficionados merengues.

Se podía pensar que dadas las bajas que sufría el Madrid el portugués le daría minutos a gente como Canales y Pedro León, que apenas han jugado este año, y que el seguidor blanco se muere por ver y que triunfen.  Además, tras el buen partido que se hizo en Santander con Granero jugando en rombo, todo apuntaba a que se podría desterrar el doble pivote, al menos en los partidos de casa. Esta concesión al buen juego además garantiza más gol y llegada, que es algo que todo aficionado agradece. Pero nada de nada, al enemigo ni agua y parece claro que entre la legión de enemigos de Mourinho están también los propios seguidores merengues. Al maltrato al aficionado que supone no hacer ninguna de estas dos concesiones anteriores, el portugués sumó ayer su lado más sádico al querer parecerse a Marlon Brando amargando la vida a su enamorada Stella como en “Un tranvía llamado deseo”. Esto último no ya por la alineación y el planteamiento inicial sino por los cambios que hizo, porque lo de quitar a Granero y acabar metiendo a Pepe es una de las mayores obscenidades deportivas de esta Liga.

Y cuidado que nadie se levante de la butaca, que con el portugués el espectáculo no termina con el pitido del árbitro sino cuando se apagan las luces de la sala de prensa. Todavía se atrevió a decir a los periodistas que todo había sido culpa de no disponer de jugadores creativos… Claro, porque Canales, Pedro León, Granero… son rotondas puestas por el Ayuntamiento.

Todas estas ofensas sólo son perdonables porque  los madridistas estamos ávidos de querer y ser queridos. Porque estamos enamorados de nuestro equipo y entregados a un amante, Mou, que aunque nos trata con crueldad, siempre promete recompensarnos con títulos y éxitos. No hay otra explicación, sólo así se entiende el tragarse tantas primeras partes insípidas y alineaciones cobardes.

Empecé el fin de semana haciendo el gilipollas por amor y lo terminé de la misma manera. Me levanté temprano por el Madrid, con la esperanza de ver algo de fútbol o algún canterano debutar y lo acabé el domingo llevando a mi novia a visitar la puñetera base de Nellis, que ya podían haberla puesto en la playa y no en el desierto. Al menos ella sí me quiere de verdad y no hay duda de que buscar luces en el cielo o hacerle fotos a un buzón de correos en mitad del desierto tiene sentido. Sólo por verla feliz hasta merece la pena aguantar que dos maromos enormes, a juego con sus ametralladoras, según ella los “hombres de negro”, me exijan que deje de hacer fotos a la valla que prohíbe el paso a las instalaciones militares. En fin señores, tonterías de enamorados. ¡Qué les voy a contar! Seguro que ustedes también tienen la suyas.

jueves, 10 de marzo de 2011

Muertos que gozan de buena salud

¡Pero si estaba muerto! ¡Pero si nunca hace nada! ¡Hay que quitarlo del campo! ¿Pero dónde están los que meten los goles?  ¡Pero cómo juega este tío! ¡Pero si es un viejo! ¡Pero si se había retirado!...  No tengo por costumbre criticar a los muertos. Mi buena educación me impide hablar de quienes no pueden defenderse así que antes de seguir, permítanme aclarar que de quien les hablo no estaba muerto sino que estaba jugando en un modesto pero orgulloso equipo minero de la Renania alemana. 

El Gran Capitán mandando callar al Camp Nou
Señoras y señores, con ustedes el delantero menos dotado del fútbol moderno, el español que nunca ganó una Eurocopa ni un Mundial, el hombre al que jamás le dieron el Balón de Oro, el chico que murió a los 27 años lapidado por la prensa catalanista y que a los 32 se fue a Alemania a tener un retiro dorado: DON RAÚL GONZÁLEZ BLANCO.

A estas alturas de la película creo que ponerme a enumerar todos los logros del Gran Capitán está de más, no ya por sabido sino por innecesario, ya que un jugador con una carrera de más de 17 años jugando a primer nivel europeo no creo que necesite abogados defensores ni plumillas aduladores. Sin embargo es de justicia hacerle un pequeño homenaje, a ser posible en vida como deben hacerse estas cosas, a un jugador que allá donde ha estado siempre ha sabido ganarse la admiración de los que le rodean. No me refiero a lo deportivo, ni a sus goles, ni a sus pichichis, ni a ser el máximo goleador de la historia de la Champion’s,  me refiero a algo tan poco valorado en nuestro país como su entrega, su espíritu de sacrificio, su voluntad ganadora y afán de superación, su respeto por la historia y por el rival y su disciplina en el campo, siempre sincera y honesta. Porque conseguir títulos en el fútbol, aún siendo difícil, no es algo excepcional. Buenos y malos futbolistas pueden presumir de su envidiable palmarés, pero pocos, muy pocos jugadores pueden alardear de haber conseguido ser admirados en el campo e idolatrados fuera de él.


Un natural de Raul, genio y figura.
Algunos han descubierto tras la reciente eliminación del Valencia en Copa de Europa, con gol del sempiterno delantero madrileño, que el Raulismo, (sí, han leído ustedes bien, he escrito Raulismo), es una religión al alza no sólo en España sino también en Alemania. La prueba es que pocas veces la eliminación de un equipo nacional había sacado a las calles a tanta gente para celebrar el fracaso del equipo de "casa". Cierto que en el equipo alemán jugaban tres españoles, cierto que la colonia de turistas germanos es legión en España, cierto que es tradición alegrarse de las tragedias del vecino en nuestra piel de toro, pero tanta euforia sólo es entendible por la admiración, casi religiosa, por Raúl y la fe ciega en que alguien como él se merece que le pasen cosas buenas. Tal es así, que ya hay muchos de los confesos practicantes de esta nueva fe que admiten públicamente que quieren que el Real Madrid y el Schalke se enfrenten en cuartos de final de manera que Don Raúl tenga la oportunidad de volver a la que fue su casa durante 16 años y pelear por el pase a la semifinal. Nadie, ni los más radicales periodistas catalanes y sus terroristas de la opinión fanática, dudan de que el 7 sería recibido con un Bernabéu puesto en pie en el que 85.000 personas se dejarían las manos a aplaudir hasta que les dieran calambres en los brazos. Más aún, una hipotética elminación blanca, no sólo sería perdonada instantáneamente sino que incluso hay seguidores merengues, Raulistas practicantes, que lo celebrarían en Cibeles, diosa de la vida y de la muerte y capitalina fuente reservada para los triunfos madridistas.

¿Nos hemos vuelto todos locos a tenor de los acontecimientos? En absoluto. La aparición del Raulismo no es más que el reflejo de una sociedad hastiada de falsos mitos, de salvadores de medio pelo, de políticos mentirosos y de periodistas demagogos y fanáticos que para crear héroes tienen que hacerlo sobre los cadáveres de quienes critican. Raúl, al que la prensa española ha convertido en mártir aunque no esté muerto, al que los radicales barcelonistas han insultado y menospreciado sin tregua, se ha convertido ahora en motivo de culto para muchos. ¡Porque maldita sea! Ya era hora de que a la gente buena de este mundo le pasen cosas buenas, porque ser honesto y honrado en el trabajo debe tener su premio y no sólo el peaje de la crítica y el desprestigio.

Raúl ya era parte de la gloriosa historia del Real Madrid y de España. Lo grandioso de su figura pública y sus valores no parece tener límites y si el propio Florentino Pérez le señalaba como próximo Presidente de la Casa Blanca del fútbol es que aún queda Raúl para rato. Además, si el destino le obligase a volver a casa, con una camiseta teñida de azul, a jugar contra el equipo que lleva en la sangre, entonces sí que habría muerto de verdad, como muchos clamaban. Si eso ocurre, y Dios y la fortuna así lo quieran, habrá muerto el hombre para haber nacido el mito.

viernes, 4 de marzo de 2011

Patente de corso e insulto


¿Saben ustedes por qué Bill Gates es “yankee” y no español? Sencillo. Porque si Gates fuera español jamás hubiera montado Microsoft en el garaje de su casa. Gallardón se lo hubiera cerrado por no tener permiso del Ayuntamiento, Zapatero le hubiera expedientado por no tener la licencia del Ministerio de Industria y el diario El País le hubiera acusado de ser un especulador informático sin escrúpulos. Así somos, y así es la España que nos ha tocado vivir y claro está que esta forma de ser puede trasladarse también a nuestro fútbol, política y sobre todo a nuestra prensa. 
Bill Gates, con el Boixo Nois de nike y Pep Guardiola

Que el presidente de una Diputación se dedique al insulto público del entrenador del Real Madrid, que como todos sabemos es la principal preocupación de los españoles, lo dice todo. ¿El Paro? ¡Qué coño el paro!, eso son mentiras de las encuestas que siempre se equivocan, a España lo que le importa es que Piqué le haga un hijo a Shakira. No se equivoquen, el fútbol es lo de menos también. A la prensa jamás le importó el balompié, los valores del deporte o la ilusión de los espectadores. Ellos van a lo suyo que es conseguir audiencia en tiempos de crisis, lo demás son daños colaterales.

Esta es la prensa que tenemos, la que nos merecemos por no haberles corrido a gorrazos antes y haberles dado la patente de corso e insulto, que es a lo que se dedican, sin exigirles nada a cambio. Y que a nadie se le ocurra defenderse porque se le tachará de conspiranoico.  Ésta es la misma prensa que critica a Mou por ser resultadista y querer ganar siempre,  aunque sea sin buen juego, pero alaba a un tipo como Pellegrini que dice que tira los partidos y sale a perder en el campo más prestigioso de España porque esa no es su Liga. Claro, está como para elegir, porque su equipo no está en descenso a falta de 12 partidos ni se ha gastado 15 millones de euros en fichajes en el mercado de invierno. Menos mal que no hace puentes el ingeniero, no vaya a ser que lo suyo sea hacer carreteras y haya que lamentar víctimas mortales. Seamos sinceros, el único mérito de Pellegrini en nuestro país es el de ser un tipo servil que jamás se rebeló contra los chicos de los medios aunque tuviera motivos para quejarse. Ni siquiera cuando fue objeto de una encarnizada campaña medíática contra él desde el periódico Marca cuando entrenaba a los blancos. Tarde aprendió el chileno que en la Villa y Corte de Madrid debe llevarse sombrero de ala ancha para ocultar el rostro y capa larga para cubrir los costados de las puñaladas traperas. Y que nadie crea que este individuo y esta actitud de regalar partidos son casos excepcionales. No señor, pues ahí tienen ustedes a Preciado, técnico del Sporting, y su encuentro contra el Barcelona de la primera vuelta, porque si al Madrid le regalan partidos y va segundo en la tabla, qué no le regalarán al Barcelona, líder con autoridad y excelso juego.

Portada ética periodísta de prensa catalana
Esta fauna y flora de mediocres que sin ninguna vergüenza salen derrotados al campo y explican en sala de prensa que reservan jugadores, algo que en Inglaterra se multa con centenares de miles de euros, es lo habitual en nuestra Liga, dónde falta gente como Joaquín Caparrós o Mourinho y sobran pusilánimes como Pellegrini. De toda esta infamia y atentado contra los valores deportivos más elementales tiene mucha culpa la prensa, que en lugar de criticar a gente como el ingeniero chileno sigue empeñada en el insulto gratuito a Mourinho o en buscar noches locas a centrales blaugranas a ritmo de caderas colombianas. Los periodistas ya decidieron que Mou es el culpable de todos los males y no se van a bajar de la burra hasta que lo echen de España o alguien lo mate. ¿Saben la última? En  La Coruña un pirado intentó agredir a Mou con un cuchillo e hirió a un miembro de la expedición madridista. ¿Entonará el mea culpa la prensa por generar odio constantemente y fomentar los peores instintos de la raza humana? Lo dudo.  Los medios catalanes usarán su patente de corso e insulto para agraviar al portugués y crear en la sociedad la idea de que hay que odiar a este personaje público  porque se lo merece y algo habrá hecho, idea que calará como lo hacen los prejuicios y peores instintos como el racismo o la violencia, que a fuerza de ser repetidos se convierten en una realidad palpable. En este país ya no nos sorprende nada y no faltarán los débiles morales que justificarán el intento de asesinato: “Porque Mou es muy polémico y se lo ha buscado con sus declaraciones”. Ya hay quien dice que no fue un intento de agresión. No claro, fue una ofrenda floral con vizcaínas afiladas no te digo.

Por mi parte la reflexión es clara: Antes le digo a mi suegra que estuve cinco años en la cárcel a que estudié periodismo. Lo primero es mucho menos embarazoso y requiere menos explicaciones. Además no quiero que nadie me acuse de ser cómplice de una sociedad en la que hay días en los que te dan ganas de desear no pertenecer a la raza humana.  Por periodismo como el de Ana Rosa Quintana o el semillero de odio del diario Sport me pregunto, no ya si estudiamos la misma carrera, sino si esos periodistas y yo pertenecemos a la misma especie evolutiva.

viernes, 28 de enero de 2011

Gran jefe "Cafetera loca" es del Sevilla


Aún estoy que no salgo de mi asombro. No todos los días se conoce al hijo de un gran jefe indio seguidor de los Steelers de Pittsburgh y del Sevilla de Del Nido. Cosas de la globalización dirán algunos, yo que soy un romático quiero creer que el fútbol todo lo puede, hasta juntar en un sport bar de Los Angeles al hijo de un albañil español y a un indio Yurok para ver un partido de Copa del Rey entre Sevilla y Madrid.

Cafetera loca, que así llamamos a nuestro amigo nativo americano cariñosamente, es una de las mejores personas que conozco. No falta nunca una de sus bromas cada vez que me ve, y en su terrible español me suelta un: “Barcelona jugar fútbol. Madrid gracias sólo cinco”. Lo peor es que no le falta razón al  jodío. Su peculiar forma de hablar castellano era la culpable, al menos eso suponía yo, de su original mote. No sospechaba que de verdad fuera nativo americano, como es polítcamente correcto decir. Dado que soy el único en todo el local, aparte de las camareras, y dado que él es el dueño; Cafetera loca hace una excepción y nos sirve a ambos unas cervezas olvidándose de que tiene por costumbre no servir alcohol antes de las 12 del mediodía, y entre una cosa y otra acabamos hablando de nuestras vidas y familia. Así es como me confiesa sus raíces indias para terminar hablando de lo que realmente nos gusta a los dos: El fútbol. Paso de llamarlo soccer.

En la tele la ESPN muestra a la afición del Sevilla cantando el himno y confieso que me emociono. Olvidándome de que soy madridista y sintiéndome orgulloso de ser español me pongo de pie y me lanzo a cantar yo también. Cafetera loca me mira sorprendido y comprendo que empieza a arrepentirse de servir alcohol a deshoras. Sin embargo, al rato me pregunta si es un himno como el del Liverpool a lo que respondo que sí, y de esa manera me comenta que él es seguidor del Arsenal pero que le gusta ver que la gente canta y se lo pasa bien, aunque no entienda lo que dicen. Acaba de decidir que desde hoy piensa hacerse fan del Sevilla porque le ha impresionado como la gente vive los partidos. Entre bromas se sincera y me exlica que también lo ha decidido porque lo de pintarse la cara y cantar también es muy de tradición india. ¡Qué coño!, ¿hay motivos mejores que esos para hacerse de un equipo?.

Entre cervezas, vamos viendo como Benzemá pasa de ser gato a ser tigre y adelanta al Madrid con un golazo. Poco a poco los ánimos sobre el césped se va calentando hasta llegar al gol fantasma de Luis Fabiano. Yo, claro, celebro el no gol como si me fuera la vida en ello ante la mirada de todos los trabajadores del local que ni saben ni entiende a qué tanto alboroto. A Cafetera loca le da la risa y dice que está convencido de que es gol y saca a relucir el robo que le hicieron a Inglaterra en el mundial y que no entiende cómo no hay un replay en el fútbol para que el árbitro decida. Hoy más que nunca, me niego a repeticiones en el fútbol por razones obvias. Ya en el descanso nos pedimos otras cervecitas y le cuento que Mourinho ahora no da ruedas de prensa para no calentar los partidos. Él, que conoce a Mou como buen seguidor de la Premier, no sale de su asombro porque si algo es el portugués es provocador y polémico. Además, aprovecho para contarle las genialidades de Del Nido y sus bravuconadas de anuncios y subidas de sueldo y que en España ya vamos servidos de prepotentes, tontos, y echaos “pa’lante” como para que Mourinho se sume a la fiesta. Y he aquí, que Cafetera se marca una pequeña leyenda Cherokee, aunque el confiesa que él es un indio Yurok, a colación de todo esto de los insultos y salidas de tono antes de los partidos  para explicarme que no le gustan esas cosas de menospreciar a los rivales. La comparto con todos:
Cuenta Cafetera loca que el hombre espíritu de la tribu reunió a todos los niños alrededor del fuego y les dijo: “Tengo dos lobos dentro de mí luchando uno contra el otro en una larga batalla. El primero es el lobo de la amistad, del honor y del respeto a los mayores. El segundo es el lobo del miedo, la venganza y del odio”. Después de un rato en silencio, uno de los niños le pregunta: “¿Qué lobo ganará la batalla?", a lo que el hombre espítitu responde: ganará el lobo al que yo alimente.

Cafetera me explica que debe ser que Mourinho se ha hecho viejo porque el que él conocía de Inglaterra jamás hubiera renunciado a entrar en polémicas, aunque por lo que cuento de cómo se las gastan otros presidentes como Del Nido en España, a lo mejor es que ahora le ha dado miedo entrar en disputas ante tales enemigos. Personalmente, dudo que sea esa la razón. Entre tanto van pasando los minutos y el marcador no se mueve en el Pizjuán aunque ocasiones no faltan y desde luego entradas feas y fuertes tampoco. Al final y para mi alivio termina el partido sin que haya más goles. La verdad es que ha sido un rato muy entretenido, también por la compañía. Cafetera me pregunta cuándo vuelve a jugar su nuevo equipo español y el mío. A ver si puedo escaquearme del curro también ese día.

Ya me despedía para volver a la oficina cuando en la ESPN ofrecen imágenes de Casillas por los suelos y botellas volando. De verdad que no pude sentir más pena. No sólo por Casillas, que a fin de cuentas no merece ese trato y que es capitán de la selección española de todos, sino por la imagen que de España se ve en Estados Unidos. Cafetera loca tiene la vista clavada en las imágenes y como español, siento vergüenza ajena de mis compatriotas y no puedo más que musitar unas pésimas excusas llenas de tópicos ante mi amigo extranjero. Son sólo dos o tres idiotas, esto no es lo habitual (No es cierto, todos los años pasa lo mismo en algún partido). La ESPN muestra a los recogepelotas escondiendo el arma del delito mientras Casillas está tendido en el césped sin que nadie se preocupe por él. Mi amigo y nuevo seguidor del Sevilla nota mi incomodidad por lo ocurrido e intenta ahorrarme el sonrojo de dar explicaciones que por otra parte, a mí no me corresponde dar, y con su habitual buen humor y pésimo español me responde con un: “Tú recordar. No alimentar lobo equivocado sino pasar así”, mientras señala la televisión.

Cuánta sabiduría encierran sus palabras pienso, y qué pocos motivos de orgullo hay últimamente para sentirse español: Paro, corrupción, políticos papanatas... ¡Dios, ojalá pudiera ver el Mundial de Balonmano en la ESPN!. ¡Ojalá hubiera Mundial de Fútbol este verano otra vez!.

lunes, 10 de enero de 2011

Guardiola y mis villanos favoritos

Lo reconozco, tengo un problema. ¿Sólo uno?. Bueno sí, en realidad tengo muchos. La hipoteca, mi jefe, el regalo de mi suegra… Pero hay uno que me preocupa especialmente. De pequeño cruzaba los dedos para que el pobre Coyote atrapara al Correcaminos. También soy de los que secretamente animaba a Darth Vader en su lucha contra Luke Skywalker en las guerras de las galaxias, y ni que decir tiene que salté del asiento en el cine cuando los marcianos hicieron saltar por los aires la Casa Blanca en "Independence Day". Lo sé, el problema es serio, lo confieso: me gustan más los villanos que los héroes.

No sólo en el cine, me pasa también con el fútbol. Fútbol, ese deporte en el que no hay lugar para las medias tintas ni los grises. O todo es blanco o todo es negro, o bueno o malo, o correcto o equivocado, nada más. Los buenos siempre somos “nosotros”, los de mi equipo, los que tienen que ganar, y los malos son siempre “ellos”, los del equipo contrario, los que tienen que ser vencidos. ¿Por qué? Pues porque sí, sin más. Si ellos pierden nosotros ganamos. Además, ¡qué narices! tenemos que ganar porque eso de que el fútbol se juega once contra once… ¡Menuda chorrada! Todos sabemos que el señor de negro y sus esbirros los linieres, conspiran siempre para ayudarles a “ellos”, a los malos, a nuestros contrarios, y eso no está bien. Por eso tenemos que ganar.
En un mundo sin matices ni lugar para esconderse, lo que está claro es que sus protagonistas sólo pueden ser héroes o villanos. Nada de actores secundarios o papeles de reparto porque como todos los jugadores saben: ”Las victorias son recordadas y  los perdedores olvidados”. De eso ya se encargan los periodistas que cuentan la épica historia de cada encuentro. Es a ellos a quiénes corresponde crear las figuras de los buenos y los malos sin los que el planeta fútbol no tendría sentido. Y en verdad que no deben hacerlo nada mal porque todos los niños quieren llegar a ser héroes del balón. Esos jugadores capaces de las más grandes gestas y que como en el cine, siempre acaban salvando el mundo y llevándose a la chica guapa.

Si en el fútbol español existe alguien así ese es Guardiola. No hace falta mucho para darse cuenta. Cuando uno abre las páginas de los periódicos enseguida nota que Luke “Guardiola” Skywalker es el último protector del buen juego y  amante del fair play. Guardiola, ese maestro Jedi capaz de encontrar virtudes que alabar hasta en el rival menos cualificado y que ha hecho de la humildad y el respeto al adversario sus señas de identidad. El mismo Guardiola que ha devuelto el orgullo a ese pequeño país oprimido y relegado al olvido y que pinta poco en la Federación. Ese Guardiola que día sí día también es capaz de esquivar con correctísima educación y buen gusto los dardos envenenados que le lanzan desde profundas cavernas y planicies mesetarias los  villanos del lado oscuro. Ese Guardiola es sin lugar a dudas el último gran héroe que ha dado el Fútbol Club Barcelona para mayor gloria del deporte rey.

¡Ah!.  Pero claro, ¿qué razón de ser tendría un héroe si no fuera por la existencia del villano? Por muchas virtudes que tengan un héroe, es sólo por los enemigos a los que hace frente por lo que es admirado. ¡Y qué villano señores, qué villano tiene enfrente Guardiola!  ¡Darth, “Mourinho” Vader nada más y nada menos. !¡Mou!, que consiguió arrebatar la gloria al Camp Nou, escapar victorioso de sus traicioneros aspersores y conquistar el planeta fútbol con un triplete arrancado de las mismísimas manos de Guardiola para instaurar un reinado de fútbol feo, antiestético, conservador y resultadista. Pero ahí no acaba la historia, y es que hay algo en la épica de todo villano que le empuja siempre a mirar más allá. Si el deber de todo héroe es salvar el mundo, y ahí es nada, hay un anhelo en el fuero de todo malvado. No basta con dominar el mundo, hay que dominar la galaxia entera. Así fue como Darth Mou, malvado y maluto donde los haya, decidió fichar por el Imperio del Mal Sociedad Limitada que para los culés representa el Real Madrid. A partir de ahí, la historia es ya conocida sobradamente. Broncas por doquier con todos los rivales con o sin motivo. Desde el educado Preciado hasta el siempre valiente y atrevido Emery. Lo de menos es quién insultó o dijo qué, pues el villano es el villano y debe ser retratado como lo que es, el mal personificado, y esto los periodistas lo saben. ¿Ya he dicho que en el fútbol todo es bueno o malo y no hay lugar para el gris?. Cuando no menosprecia a sus rivales, el maléfico Mou crucifica a sus futbolistas. Desde Pedro León al joven Canales sin olvidar al carísimo y felino Benzemá. Lo increíble es que en el vestuario aún le dirijan la palabra. Y en este clima de crispación, odio y desprecio  de todos juntos contra el mal hecho hombre no hay lugar para la tregua o el respiro. Ni siquiera cuando “Mou Vader” tiene un gesto humano con su hijo de 10 años. Sí, los villanos por algún motivo incompresible, también tienen hijos. Todos recordamos el famoso: “Luke, yo soy tu padre” ¿verdad?. Pues ni con esas.  ¡Ay del pobre villano que le de por hacer un gesto sólo reservado a los héroes como Guardiola!  En este clima, si Mou sacase una camisa de recuerdo a algún lesionado no faltarían quiénes le criticasen por tan falso gesto. Los malos nos gustan malos y el chocolate espeso.

Ante este panorama yo qué quieren que les diga. No quiero curarme de lo mío, sigo prefiriendo a los villanos. No es sólo una cuestión de colores, es que hay algo de romántico en los malos del cine o del fútbol. En el fondo siempre me he sentido identificado con ellos porque nunca me salieron  las cosas tan bien como al héroe Guardiola. Porque en el fondo nunca consigo que todos  me alaben y admiren haga lo que haga y pase lo que pase como a “Skywalker Pep”. Porque en mi interior no me gusta que un tipo que ya ganó mucho como futbolista lo gane todo también como entrenador. Porque ¡coño! Es que encima de millonario me he enterado de que su señora esposa está mejor que mi novia y eso ya sí que no. Demasiado para cualquiera. No se equivoquen, no le deseo ningún mal. Sólo que por una vez  algo se le tuerza y no todo sea perfecto, que por una vez eche un borrón y haga el ridículo, para que por una vez exista algo de equilibrio en la galaxia. Por eso quiero que el malvado gane y ese es Mou. Quiero que gane el luso porque fue un pésimo jugador de fútbol y el destino le negó ganar tan siquiera el pichichi de su pueblo, porque empezó de traductor y haciendo los recados de otros quizás menos grandes que él y mientras lo hacía, secretamente iba urdiendo sus planes para dominar el planeta fútbol. En silencio, en la oscuridad, escondido de los focos como hacen las cosas los malvados de película. Quiero que gane porque quién no ha soñado secretamente en dominar el mundo, es que aún no ha vivido lo suficiente para entenderlo. No hay nada más épico. Cualquiera puede salvar el mundo, pero dominar la galaxia… Eso es otra cosa, por algo en el cine siempre pierden los malos.

En el fútbol, al contrario que en el séptimo arte, dónde sabemos que cuando llegue la batalla decisiva o el duelo a muerte final el héroe saldrá victorioso y con la chica, los villanos sí pueden ganar. Esa es la grandeza de este deporte. No importa en que lado de la fuerza estés, no importa el retrato que hagan de tí los periodistas. Al final los pequeños detalles deciden y desde el héroe más repelente y empalagoso al más obtuso y terrorífico de los villanos, cualquiera puede ganar. Yo, secretamente, seguiré saltando de la silla cada vez que el villano aseste un golpe en la perfecta cara del héroe. Lo sé, tendría que hacérmelo mirar, pero confieso que así soy feliz.